06/08/2020

El reclamo de Fuera Trump y la organización de los trabajadores independiente del Partido Demócrata

Algunos puntos de debate estratégico sobre la rebelión en Estados Unidos que surgen de la Conferencia de la izquierda convocada por el FIT-U
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En el transcurso de la Conferencia Latinoamericana y de Estados Unidos de la izquierda y el movimiento obrero se procesaron distintos debates de gran interés y urgencia para el activismo.

Respecto de la rebelión en curso en Estados Unidos, se destacaron dos divergencias entre las organizaciones de la conferencia. Una fue la necesidad de concentrar la agitación en la consigna Fuera Trump, considerando que la derrota del presidente racista es una tarea del movimiento popular, que no debe esperar al resultado electoral de noviembre. La otra es considerar que la tarea central de la izquierda revolucionaria es plantear la necesidad de una organización de clase con independencia total del Partido Demócrata, de distintas formas de entrismo o seguidismo político a DSA -la mayor organización de la izquierda norteamericana, que integra el Partido Demócrata y que lleva a Joe Biden como candidato presidencial.

Estamos convencidos que ambos puntos son de importancia estratégica y, además, están íntimamente relacionados.

La rebelión popular, aunque no haya vuelto a tener estos días el mismo nivel de movilización callejera que en junio, no ha sido derrotada. Una reciente prueba de esto se dio en Portland, Oregon, donde el embate de fuerzas federales que llevaron adelante detenciones ilegales y represiones generalizadas no dio lugar a un recule sino a una masificación de la movilización y al retiro de las fuerzas federales que, luego de un mes de accionar, no habían podido controlar las calles de la ciudad. La rebelión se va extendiendo también en los puestos de trabajo, sumando a los docentes que rechazan la vuelta forzada a clases en plena pandemia, conformación de comités de seguridad en automotrices y otras acciones.

La propia realización de las elecciones es el centro de la próxima crisis política en desarrollo. Trump, entre 8 y 15 puntos abajo de Biden en todas las encuestas, ha amenazado con suspender las elecciones, profundizando su campaña de que la generalización del voto por correo por la pandemia permitiría un fraude electoral contra él. El cuestionamiento busca preparar las condiciones para no reconocer un resultado desfavorable.

Es claro que el magnate derechista tiene enormes límites para actuar de acuerdo con sus amenazas. La clase dominante, y hasta el Partido Republicano, le dan cada vez más la espalda. Un resultado parecido al que dan las encuestas sería demasiado holgado para permitir que se proclamen ganadores ambos candidatos. Y el establishment militar ya le ha recortado el apoyo a Trump, para que afirme su autoridad sobre la movilización militar generalizada, cuando el Pentágono aclaró que no aceptaría la movilización de fuerzas armadas con la que Trump había amenazado al principio de la rebelión.

La situación está lejos de estabilizarse. El contexto es de una enorme crisis política, económica y social. Trump apela a fuerzas federales que le son leales para la represión ilegal, actuando incluso en connivencia con grupos paramilitares derechistas que son la base más directa. Aunque no ha logrado juntar los elementos para el régimen fascistoide, que se desprende de su línea política, faltan largos meses para la elección y no se ha dado por vencido.

El problema de que la enorme movilización popular logre terciar en la crisis política con una voz propia es absolutamente estratégico. Depende de que las movilizaciones puedan dar lugar en forma más extendida a asambleas populares y a la adopción de consignas y programas que planteen una salida a la crisis general y al problema del poder. Todo el esfuerzo del aparato demócrata para desmovilizar busca lograr el apoyo de quienes enfrentan al actual gobierno para un recambio en los términos del mismo régimen político, objetivamente dando espacio a Trump para intentar alguna aventura golpista antes de que el tiempo se le acabe definitivamente.

«Fuera Trump» es entonces un planteo de movilización general y unificada a un movimiento que ha puesto en la calle entre 15 y 26 millones de personas para liquidar definitivamente las posibilidades de que se sucedan nuevas provocaciones y represiones. Derrotar a Trump es una necesidad objetiva.  No surge tampoco el mismo escenario político de la derrota electoral de un Trump, cuya capacidad de choque con las masas ha sido liquidada, que de uno que mantenga hasta el último día las intentonas y provocaciones.

Los argumentos de las voceras de Left Voice, la organización estadounidense hermana del PTS, para oponerse reiteradamente a este planteo en la conferencia deben ser considerados. El primero de ellos es que no corresponde el planteo por la importancia institucional de los 50 estados federales. Este argumento llama la atención porque, más que ningún otro proceso de lucha en la historia de Estados Unidos, estamos frente a una crisis nacional y un movimiento que se ha expresado en todas las regiones, en la ciudad y en el campo, de manera simultánea. Mientras los revolucionarios muchas veces trabajamos para extender las implicancias generales de procesos de lucha relativamente locales, en Estados Unidos hay una rebelión única, aunque no tenga una dirección ni una orientación unificada. Colocar consignas políticas comunes llama la atención a los luchadores sobre la existencia de tareas políticas generales, que no pueden ser logradas como conflictos locales. Colocar la necesidad de derrotar a Trump en las calles significa no entregar la representación política a los demócratas y, al mismo tiempo, la necesidad de una plataforma política propia y una coordinación nacional del movimiento de lucha.

Una de las oradoras de Left Voice justificó su oposición también en el reflujo relativo de la movilización, lo cual da a entender que ha pasado por ahora el momento de la rebelión y llegado el momento electoral. No compartimos este análisis del momento político. Esta comprensión fundamenta la crítica principal que hicieron contra el “Fuera Trump”, que es que se entendería como un apoyo a Biden. Se trata, justamente, de lo contrario, de enfrentar un operativo de cooptación del proceso de lucha contra el que se han alzado importantes voces dentro del movimiento negro, desde el preso político Mumia Abu-Jamal a toda una serie de organizaciones radicalizadas que repudian las operaciones parlamentarias y electorales que el Partido Demócrata quiere imponer.

Si es correcta la caracterización de que estamos frente a una rebelión popular, y no ya frente a protestas por reclamos parciales, como tratan de presentarlo a menudo los medios burgueses, esto quiere decir que está en discusión el problema del régimen político. Pero las compañeras y compañeros de Left Voice, fuera de rechazar nuestro planteo de Fuera Trump, no promueven ninguna otra consigna política central. Esto, objetivamente abandona el terreno de lo político, de la disputa del poder, a los políticos burgueses profesionales del Partido Demócrata, que es la actitud política objetiva de la inmensa mayoría del activismo norteamericano, que incluso en sus vertientes más combativas tiende a restringirse al campo de las demandas reivindicativas.

 

Left Voice aduce que la preponderancia del momento electoral hace que no corresponda el Fuera Trump. Sin embargo, tampoco están en una campaña por ninguna posición práctica con respecto a las elecciones. En un artículo posterior a la pandemia, Left Voice llama a “No conformarse con Biden- pelear por el socialismo”. La idea de pelear por el socialismo no tiene ninguna bajada práctica con respecto a la crisis política actual, ni dentro ni fuera del cuadro electoral. Justamente cuando el problema de la actitud práctica de la izquierda en las elecciones es el centro de una gran pelea política.

 

DSA resolvió en su conferencia del año pasado que solo apoyaría formalmente a Sanders como candidato a presidente, como organización. Por ende tampoco han sacado un pronunciamiento de apoyo a Biden. No se “conforman” con él, porque su candidato era el reformista Bernie Sanders. Llevan cientos de candidatos locales y nacionales en el mismo partido que llevará a Biden a la cabeza. El apoyo a los candidatos demócratas de izquierda es un importante recurso para ganar a sectores de trabajadores y jóvenes a apoyar a este partido capitalista en estas elecciones. Sobre este recurso Left Voice no se pronuncia tampoco. Una miembro de DSA, la diputada Alexandra Ocasio-Cortez, integró los grupos de trabajo conjuntos formados por Sanders y Biden. A pesar de todo este apoyo, sectores de la derecha del Partido Demócrata tomaron nota del gesto de distancia política y llevaron toda una campaña política para forzar a una definición de DSA, con cartas abiertas y ataques en las redes. Esta presión tuvo sus efectos, llevando al editor de Jacobin, Bashkar Sunkara, una figura central de DSA, a escribir una columna de opinión en el New York Times que constituye un recule político total desde su título “Quizás hayas escuchado que los socialistas no votaremos a Biden: puede que no nos guste pero no queremos que gane Trump”. La ambigüedad sobre la actitud frente al voto es un lugar cómodo para los izquierdistas que acompañan a Biden “críticamente”. La defensa del campo de independencia de clase implica barrer con cualquier ambigüedad, llamando a votar candidaturas de izquierda independientes de los demócratas y republicanos allí donde se hayan podido inscribir, a presidente y a cargos locales.

Los demócratas socialistas

El otro debate revelador sobre la política de Estados Unidos fue sobre qué política tener respecto de los Demócratas Socialistas de América (DSA). Aquí, tanto Left Voice como el orador del MST-LIS destacaron su crecimiento (70 mil miembros) y se apoyaron en la necesidad de una flexibilidad táctica, y el planteo de entrismo en los partidos socialistas que giraban a la izquierda en los años ’30, que planteó Trotsky a sus partidarios en Estados Unidos, España y Francia. En el caso del MST, defendía el ingreso directo a DSA, cosa que un grupo local invitado por ellos, el Colectivo Tempest, había explicado como una decisión individual de sus miembros. El MST lo defendió (junto al entrismo en el Psol en Brasil) como la forma de construir partidos “de a saltos”. Una oradora de Left Voice lo usó para explicar que la tarea del momento no era llamar a constituir una organización independiente, sino tratar de influir en los miembros de DSA. Su expositora en el plenario fue más directa: llamamos a DSA a formar un partido nuevo. ¿Cuál es el contenido político de fondo de todo esto?

Los procesos de entrismo que promovió Trotsky fueron de corto tiempo, en partidos obreros de masas que giraban a la izquierda, para escindir una organización independiente, contra la orientación de esas direcciones. Varios grupos de la izquierda norteamericana (ISO, Solidarity, una escisión de Socialist Alternative) se han disuelto, en un giro a la derecha, en una vieja organización que viene practicando entrismo en el Partido Demócrata desde hace 50 años (y un poco más en el caso de algunos de sus antecedentes políticos, como la fracción de Max Schachtman, que rompió con Trotsky para unirse al establishment político norteamericano). No se trata de un partido obrero, sino de un vehículo para sumar izquierdistas a uno de los dos partidos del gran capital, sostenes del Estado imperialista, responsables de crímenes contra la humanidad, y contra su población pasados y presentes. Esto no quita la necesidad de abrir debates en su base, de practicar frentes únicos para luchar con los muchos militantes honestos que están en sus filas. Néstor Pitrola, del Partido Obrero, describió en el panel sobre la crisis mundial y la rebelión en Estados Unidos al encadenamiento de izquierdistas al Partido Demócrata como un juego de muñecas rusas. Seguidismo al que hace entrismo en el entrista.

DSA ha mostrado en esta crisis, y en esto hubo acuerdo en las distintas organizaciones presentes en la conferencia, no tener vitalidad alguna desde el punto de vista de la lucha de clases. En plena rebelión y crisis de la pandemia, su dirección se dedica únicamente al calendario electoral y procesa un giro a la derecha. La adaptación a un partido del capital imperialista no es inocua. El año pasado votaron el mayor presupuesto de la historia del Pentágono. El precandidato por el que hicieron una inmensa campaña, Bernie Sanders, acaba de llamar a subirle los sueldos a la policía como respuesta a la rebelión contra la brutalidad policial. No tienen consignas que empalmen con los planteos de la liberación negra, sino que les dan la espalda deliberadamente.

La solución a todo esto, para Left Voice, es que funden un nuevo partido dirigido por los Sanders, los editores de Jacobin, las diputadas de “the Squad” que votaron el presupuesto de Trump. Eso no es escindir una formación reformista para fundar una organización revolucionaria. Eso es tratar de tender lazos con la base de un partido del gran capital, proponiendo formar una organización reformista. Otra cosa es llamar, con una política revolucionaria, a los socialistas a romper con el Partido Demócrata, explotando la contradicción entre las aspiraciones de las masas y del sector más progresivo de la militancia socialista de DSA y la posición proimperialista de los demócratas, que cuenta con el aval explícito de Sanders. La diferencia es justamente la cuestión del partido, un llamado de estas características tiene la función de delimitar campos políticos para desarrollar un partido revolucionario.

Un planteo similar a Left Voice tiene la organización Socialist Alternative, que participó de la campaña de Bernie Sanders sin afiliarse al Partido Demócrata, pero saludando a su programa como un avance hacia el socialismo e instando a que sea la base de un nuevo partido. Una política que el PTS y sus partidos hermanos traen del viejo libreto de Nahuel Moreno, que le proponía a la burocracia sindical peronista de Vandor que funde un partido de trabajadores y que el PTS le ha planteado al dirigente de la CGT argentina Hugo Moyano en 2012, luego de la fundación del FIT, y que sus compañeros han promovido en Bolivia respecto de la burocracia de la COB. Cuando la situación exige acelerar los pasos a la conformación de núcleos revolucionarios, se propone un nuevo desvío.

La oposición a la formación de un partido independiente como eje político ha sido defendida por Left Voice como una política “iskrista”. Esto es una distorsión de la política que seguía la Iskra dirigida por Lenin a principios del siglo XX. Iskra no fundó un partido separado de la socialdemocracia rusa dispersa y con planteos variados y distorsiones de todo tipo, sino que usó su publicación para ganar apoyo para transformarlo en un partido centralizado con un programa revolucionario claro y organizar a los adherentes de esta política en toda Rusia. La política de Iskra llegaba a ser considerada “autoritaria” por quienes defendían un movimiento descentralizado que pudiera adaptarse con más facilidad a las presiones de otras clases sobre el movimiento proletario. Llamar iskrismo a definirse como un medio de opinión y no como una organización separada para no enemistarse con la corriente de izquierda, no de un partido obrero, sino de un partido del capital imperialista, no tiene absolutamente nada que ver con la política que promovieron Lenin y sus compañeros.

El carácter pernicioso del seguidismo a una organización que tiene como función política central la integración al régimen político imperialista y a su Estado a los luchadores y activistas se puede observar en la primera parte de esta polémica.

El Partido Obrero no desconoce la necesidad de hacer un trabajo entre los demócratas socialistas y sus bases. Lo que hay que ver es la naturaleza de ese trabajo. La consigna Fuera Trump apunta a canalizar de modo revolucionario la oposición al gobierno y oponer ese odio a la política del partido demócrata. De lo contrario, el llamado a “acompañar la experiencia” significa en este caso concreto, desvalorizar el llamado a echar a Trump, que refuerza las tareas independientes y de acción directa del movimiento puesto en marcha por la rebelión en tanto le plantean un choque directo con el Estado y adaptarse al momento electoral que con dificultades intenta imponer la campaña de Biden y la amplia gama de izquierda adaptada al régimen que ha coaligado alrededor de su campaña.

 

 

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