09/08/2020

Viviana Canosa, el dióxido de cloro y el peligro de la desinformación

El alza de los grupos anticientíficos y el dominio del capital sobre la ciencia.

En las últimas semanas volvió a aflorar por parte de movimientos anticuarentena la promoción de la «solución mineral milagrosa», el dióxido de cloro, como cura del coronavirus. En el pasado, este mismo compuesto había sido promocionado como cura para otras patologías, como el Sida. Las “teorías conspirativas” de estos sectores en épocas de crisis no son un problema nuevo: un efecto parecido provocó la crotoxina a mediados de los años ’80, promocionada como un presunto tratamiento mágico contra el cáncer.

El viernes, esta peligrosa línea de automedicación sin ningún tipo de evidencia científica llegó al programa televisivo Nada Personal, donde la periodista Viviana Canosa consumió de una botella una solución compuesta por dióxido de cloro (CDS).

La repercusión que tuvo este episodio se debe al peligro que esto implica. El dióxido de cloro es un gas utilizado en la industria como blanqueador de papel y como desinfectante de superficies, equipamiento médico y afluentes de agua. Es altamente explosivo e inestable, por lo que se genera “in situ” a partir de otros compuestos clorados, como clorito de sodio. Es un oxidante fuerte que actúa en amplios rangos de pH.

Al igual que el resto de los desinfectantes, está contraindicado su uso sistémico y en superficies vivas. El contacto con la piel produce irritación y quemaduras. Tiene la capacidad de penetrar las células, produciendo daño en los tejidos y, a nivel sanguíneo, oxida el hierro presente en la hemoglobina, produciendo metahemoglobina (hemoglobina que no tiene la capacidad de transportar oxígeno).

La sintomatología de la intoxicación aguda en caso de contacto con el gas varía desde dolor de garganta, tos, irritación ocular, bronquitis y edema pulmonar. En caso de intoxicación oral, los síntomas son vómitos, irritación del esófago y estómago, dolor abdominal, entre otros.

No hay evidencia que demuestre su eficacia en tratamientos de infecciones humanas. Su capacidad oxidante es inespecífica, por lo que ataca células humanas como microorganismos por igual. Por eso, no se utiliza ningún desinfectante ni antiséptico en tratamientos de infecciones sistémicas.

Covid y confusión

La difusión de esta sustancia como cura del coronavirus surge de grupos anticientíficos y forma parte de una campaña orientada hacia la desinformación y el cuestionamiento de la ciencia como respuesta a la pandemia. Dentro de los referentes que encabezan esta campaña se encuentra el mandatario brasileño Jair Bolsonaro, muy por encima que Viviana Canosa, que también ha promocionado el consumo de la CDS o de la hidroxicloroquina. El surgimiento de este tipo de movimientos, muchos con lobbys políticos y empresariales, tiene su origen en la descomposición propia que acarrea el hecho de que la ciencia esté bajo control casi total de la burguesía.

La manipulación de investigaciones que comprometen los intereses de empresas (como las investigaciones sobre glifosato que se han silenciado en nuestro país para no afectar los intereses de Monsanto), el lobby de empresas que ven sus ingresos afectados por la cuarentena y la promoción mediática por parte de profesionales que responden a esos intereses (como Marcelo Peretta) trae este tipo de consecuencias. Un ejemplo extremo fue el de Donald Trump recomendando a la población de Estados Unidos tomar lavandina.

Una verdadera salida para la ciencia como herramienta para el desarrollo de la humanidad, contra cualquier tipo de intereses de empresas y gobiernos, y contra los movimientos anticientíficos, que pueden producir un gran daño en la población, es poner a la ciencia bajo poder de la clase trabajadora.

En un cuadro de colapso sanitario inminente en el Área Metropolitana de Buenos Aires y con más de 7 mil casos diarios en el país, para combatir y salir de la pandemia no existen “soluciones mágicas”, sino que es necesaria una política de Estado orientada a garantizar el acceso a la prevención y promoción de la salud de la población. Política que solo es posible con la centralización del sistema de salud en un comando único, con la vuelta a la fase 1 de la cuarentena y con el no pago de la deuda para disponer esos recursos en paliar la crisis sanitaria y social.

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