07/08/2020

Tras las múltiples denuncias por abusos contra Raúl Sidders, se organiza el reclamo de justicia

A la derecha Raúl Sidders, junto al exarzobispo de La Plata, Héctor Aguer.

El artículo de Prensa Obrera, que hizo pública por primera vez una denuncia contra el sacerdote del colegio San Vicente de Paul de La Plata, Raúl Sidders, por abusos y violencias cometidas contra alumnes y exalumnes, tuvo enormes repercusiones. Múltiples relatos fueron vertidos en redes sociales por parte de víctimas del cura, y comenzaron a organizarse les miembres de la comunidad educativa del colegio para reclamar justicia. Hasta en Misiones, provincia a la que fue trasladado Sidders para cumplir funciones como capellán de Gendarmería, colectivos de mujeres se encuentran en una campaña para exigir que se lo expulse.

El caso es estremecedor. El «padre Raúl» disponía de un control sobre toda la institución. Obligaba a les adolescentes a confesarse a solas con él, so pena de sanciones, y aprovechaba esos momentos de intimidad para ejercer todo tipo de acosos, abusos y violencias psicológicas. Más aún, se valía de los secretos de la confesión para atormentar a les alumnes. Un joven relató en su cuenta de Twitter que lo atormentaba por ser gay, y hasta «me sacó del clóset frente a toda la escuela. Nadie hizo nada».

Misógino declarado, Sidders es allegado del exarzobispo de La Plata, el ultramontano monseñor Héctor Aguer, quien lideró durante décadas los ataques al movimiento que lucha por los derechos de las mujeres y la diversidad sexual. Exponente público del ala más reaccionaria de la Iglesia Católica, este cura condujo un programa de televisión en un canal local de Cablevisión denominado «Ave María purísima», que debió ser retirado del aire en 2011 luego de las denuncias presentadas en su contra en el Inadi por llamar, frente a niños y jóvenes que lo acompañaban, a quienes habían participado de una movilización contra la violencia de género «loquitas», «yeguas» y «chirusas», que «pretenden matar bebitos que están por nacer». Además, dedicaba sus programas a predicar el racismo, por ejemplo ensalzando la colonización de América como la «mayor obra del hombre».

Este mismo contenido es el que impartía al frente del colegio. Los comentarios denigratorios hacia las mujeres eran cotidianos, incluso ante niñes de primaria. Según su percepción, las mujeres solo están para satisfacer los deseos sexuales de los hombres, y con esa concepción acosaba a las adolescentes que se confesaban con él. Un segundo testimonio publicado en nuestro medio relata cómo a una adolescente le encomendaba que se masturbara pensando en él, que practicara sexo oral y hasta intentó obligarla a tener relaciones sexuales con algún compañero. Pero su fijación eran los varones, a quienes enseñaba a masturbarse. Ellos lo apodaban «Frasquito», porque los hacía guardar su semen en frascos y se los quedaba.

Estos hechos aberrantes respondían, como vimos, no solo a una depravación personal sino a toda una concepción ideológica, que transmitía a les alumnes del San Vicente. Su oposición al dictado de contenidos de educación sexual era total. Prohibió a las docentes a que trabajaran el tema, interrumpía sus clases, e hizo expulsar del colegio a aquellas que desafiaban su autoridad para bloquear el tratamiento de estas temáticas. Confiscó entregas de preservativos provenientes del Ministerio de Salud, porque según él no sirven, tal como repetía en misas, clases y confesiones. El producto de estos obstáculos al dictado de educación sexual, se refleja al día de hoy en que muchos de los jóvenes que fueron objeto de estas vejaciones varios años atrás, todavía se encuentran procesando tortuosamente que lo que vivieron fueron situaciones de abusos.

Ahora que se ha roto irreversiblemente el límite que imponía el temor a las represalias y al descreimiento, alumnes, exalumnes, sus madres, docentes y exdocentes han puesto en pie una campaña para reclamar justicia, exigiendo la investigación de lo que fue denunciado públicamente. Se están abocando a reunir decenas de testimonios sobre las distintas situaciones de abuso y violencia cometido por Sidders, conteniendo y reservando a quienes se van animando a hacerlos llegar. Crearon para ello la cuenta de mail: investigac[email protected]

La campaña pública es fundamental para quebrar el entramado de impunidad que rodea a estos curas abusadores, que se amparan en el poder de la Iglesia Católica. Vale recordar que otro sacerdote denunciado en la región, Eduardo Lorenzo, fue protegido por Aguer primero y luego por el actual arzobispo «Tucho» Fernández (mano derecha de Bergoglio), razón por la cual durante una década estuvieron cajoneadas en la Justicia las denuncias por abusos sexuales. Cuando el caso fue tomado por las organizaciones de mujeres, penetró en los medios de comunicación (hasta se realizó una conferencia pública en la Legislatura bonaerense a instancias de la banca del FIT), nuevas víctimas se sobrepusieron a las amenazas y presiones y sumaron sus testimonios. Acorralado, Lorenzo terminó suicidándose en la sede de Cáritas, a donde había sido trasladado por la Iglesia para protegerlo.

Este indignante caso obliga, además, a una reflexión crítica acerca del control absoluto que tiene la iglesia sobre miles de niñes y jóvenes que acuden a las escuelas confesionales. Echa luz sobre la necesidad de anular el artículo 5 de la Ley de Educación Sexual Integral (ley 26.150), que relega los contenidos al ideario institucional de cada establecimiento. Que el dictado de estos temas sea elaborado por la docencia, les estudiantes y las organizaciones de mujeres, para imponer una educación sexual laica, científica y respetuosa de la diversidad. Es, por lo demás, un nuevo motivo para reclamar la separación de la Iglesia del Estado.

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